Burnout: La Caída Invisible y el Camino Hacia la Recuperación

Salir del agujero del burnout

El burnout no llega de un día para otro. Es un desgaste progresivo que se va acumulando hasta que el cuerpo y la mente simplemente dicen basta. En mi caso, no fue un momento puntual, sino una serie de señales que ignoré, hasta que dejar la cama se volvió una batalla diaria.

El Inicio Silencioso

Durante la pandemia, mi desempeño laboral era excelente. No tenía aún un rol de coordinación, pero me sobrecargué. Primero fueron unos minutos extra, luego unas horas. Cuando me promovieron, seguía atado al trabajo operativo y ahora debía asumir las nuevas responsabilidades administrativas. No sabía delegar. Tardé en aprenderlo y, para cuando quise hacerlo, ya estaba al borde del colapso.

Luego vino un ascenso más: llegué a un equipo cercano al vicepresidente de tecnología. Era el miembro más joven en una mesa interdisciplinaria donde el rol de QA implicaba discusiones y enfrentamientos. La resistencia al cambio en un entorno tan tradicional me puso en el centro de conflictos constantes. Soporté año y medio en ese ambiente. Cada día, el estrés calaba más profundo.

Cuando El Cuerpo y La Mente Se Rinden

Físicamente, las consecuencias no tardaron en aparecer. Las lesiones musculares durante mis partidos de fútbol se hicieron más frecuentes. Rupturas, contracturas, calambres. La gripe se volvió recurrente, mi sistema inmune estaba por los suelos. Emocionalmente, la ansiedad y la depresión se instalaron. Mi sueño desapareció, las noches eran interminables con la mente atrapada en una rueda de preocupaciones.

Los picos de ira y respuestas irritadas también fueron una constante. Mi rendimiento cayó y comencé a evitar participar o proponer. Lo peor fue cuando dejé de disfrutar lo que antes me apasionaba. En la cancha de fútbol, el cansancio era tal que apenas resistía un tiempo. La frustración por no poder desempeñarme como antes solo empeoró el ciclo.

El Quiebre

El punto de inflexión llegó en una reunión. Todo el equipo me increpó por no haber cumplido con unas tareas pendientes. La presión acumulada, el ambiente hostil y una discusión familiar la noche anterior detonaron lo inevitable. Perdí el control y, por primera vez en mi vida profesional, traté mal a un colega. No lo merecía. Su comentario, aunque hiriente, era válido y profesional. Pero yo ya no podía más.

La culpa fue inmediata. Salí de la reunión y rompí en llanto. Llamé a mi jefe y le conté todo. Sin filtros. Siempre he creído en la transparencia. Su respuesta fue humana. Activó un protocolo de crisis emocional y me conectó con una psicóloga de recursos humanos. En lugar de juzgarme o sancionarme, me extendió una mano.

Buscar Ayuda: El Estigma y La Realidad

Aceptar que necesitaba ayuda fue otro desafío. En Colombia, hablar de salud mental sigue siendo un tabú. El sistema de salud público ofrece pocas alternativas: citas con psiquiatría cada 2 o 3 meses y una única sesión de psicología que apenas rasguña la superficie. Las opciones particulares son costosas y no todos pueden permitirse una terapia continua.

Mi esposa fue un pilar en este proceso. Su apoyo incondicional me ayudó a seguir adelante incluso en los días más oscuros. Poco a poco, inicié tratamiento farmacológico y continúa terapia psicológica.

El Despido y El Renacer Profesional

Finalmente, mi tiempo en esa empresa terminó. Después de graduarme de la maestría, no hubo más que felicitaciones y palmadas en la espalda, pero la relación estaba rota. En una de las acostumbradas reducciones de personal para justificar costos, fui despedido. Mi rol de coordinador convertido en analista, con un salario superior al de otros, me convirtió en una cifra fácil de recortar.

Curiosamente, ese despido fue lo mejor que pudo pasarme.

En mi nuevo empleo, encontré un entorno distinto. Asumí un rol de liderazgo como Líder QA, el mismo puesto que ocupaba mi jefe anterior. Esta vez, con una visión diferente. Estoy construyendo un área desde cero, implementando buenas prácticas y aplicando todas las lecciones aprendidas, tanto las positivas como las negativas. Mi enfoque hacia mis compañeros también ha cambiado. Los veo como personas antes que como «recursos». Entiendo que detrás de cada error hay una historia humana.

Cuando es necesario sancionar, lo hago desde un lugar de crecimiento, no de castigo. Para mí, ser despedido fue el inicio de una mejora evidente. Ahora estoy en un camino de propósito y crecimiento que difícilmente habría encontrado en mi empleo anterior.

Lecciones Aprendidas

Hoy sigo reconstruyéndome. Aprendí que la resiliencia no significa soportarlo todo. Significa reconocer cuando necesitas ayuda. Aprendí que delegar no es perder control, sino dar espacio para el crecimiento de otros. Aprendí que el valor de mi trabajo no define mi valor como persona.

La salud mental importa. No debería ser un lujo ni un tabú. Si algo puedo decirle a quien esté pasando por algo similar es que pedir ayuda no es una muestra de debilidad. Es un acto de valentía.


En nuestro próximo artículo, abordaremos un mito común en el mundo laboral: “No me contratan porque no tengo experiencia, pero no tengo experiencia porque no me contratan”. Hablaremos de cómo navegar esta paradoja y encontrar las oportunidades adecuadas para iniciar tu carrera profesional.

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Ing. Mg. Libaniel Jr Vargas P.

Libaniel es Ingeniero de Sistemas y Magister en Gestión de TI con experiencia que abarca telecomunicaciones, banca digital y el vertiginoso mundo startup, donde lidera equipos de Quality Assurance. Su filosofía parte de eliminar la cultura de la culpa para potenciar el aprendizaje rápido: prefiere errores tempranos y baratos que fortalezcan la responsabilidad colectiva en los objetivos. Exigente y autoexigente, ha conocido de primera mano los límites físicos y mentales que impone la profesión; por ello cultiva la salud y el bienestar como cimientos del alto rendimiento, siempre con la excelencia como meta. Publica cada semana en ParaIngenieros.Org, comparte conocimientos con su equipo y colabora en espacios abiertos, soñando con dar el salto a las aulas universitarias. Sus textos combinan experiencias personales, anécdotas de colegas y lecturas constantes, invitando al debate: valora el feedback —incluso cuando discrepa— porque sabe que escuchar otras miradas es clave para evolucionar como profesional y como ser humano.